Aníbal Troilo, el hombre que hacía "hablar" al bandoneón, tuvo una vida de novela. Más conocido como Pichuco, su nombre fue sinónimo del tango y de la bohemia porteño. Alma de bandoneón reconstruye en forma novelada la historia de este mítico e inolvidable personaje.
Músico, bandoneonista, director y compositor, Troilo fue un artista de excepción y también un ser entrañable, profundamente querido y respetado por sus músicos, por los amigos que lo rodearon y por Zita, la mujer que lo acompañó hasta el final. El fútbol, el casino, las giros, las carreras de caballos, los shows y el alcohol fueron pasiones que signaron una vida excesiva, fuera de serie, como si vivir fuera sobre todo un modo de forjar anécdotas.
Entre el jovencito que a los diez años se juró tocar el bandoneón y el músico famoso, entre el muchacho de barrio y el hombre de la noche, Troilo se debatió entre Aníbal y Pichuco, entre el personaje y su sombra. Como si fueran los dos lados de un disco de vinilo o de pasta, Gustavo J.
Nahmías da cuento de esa escisión, del esplendor y el ocaso de una vida singular, de las luces y sombras de un alma de bandoneón.